En estos tiempos que corren, la modernidad tecnológica y social anda haciendo estragos, ofreciendo atractivos cócteles que prometen nuevas experiencias, con nombres tan sonoros como content curator, open & linked data, community manager, semantic web, assets management y un continuo devenir de prometedores horizontes, que se antojan cercanos, pero que parecen lejanos… y todo ello parece razón más que suficiente para tomar un respiro, alejarse un poco de la corriente que nos lleva, y reflexionar sobre alguno de los aspectos que nos impone la acelerada evolución del sector de la información digital.
En particular, la profunda e interesante discusión sobre el horizonte semántico que se adivina, a medio plazo, para las bibliotecas y sus colecciones de datos y objetos, no debe ocultar el necesario -y en muchas ocasiones olvidado- fundamento sobre el que construir bibliotecas “semánticas”: la información disponible en silos de datos bibliotecarios, creada y gestionada mediante las veteranas aplicaciones para informatización de bibliotecas (o sistemas de automatización, que dirían los más tradicionales).
La informatización de bibliotecas fue un clásico en la literatura especializada y en las preocupaciones de los profesionales durante la década de 1980 y primera mitad de la década de 1990, para ir desapareciendo progresivamente ante el empuje de la Red, y la puesta en valor de otros tipos de tratamientos y enfoques de los servicios bibliotecarios. Si adoptamos un enfoque meramente secuencial, el desarrollo de la informatización de bibliotecas sería actualmente un campo secundario de la actividad bibliotecaria, teórico y prácticamente conocido y superado, convertido en un mero proceso reiterativo en el cual se registran y describen unos materiales que soportan información, y que pasan a ser objeto de una simple gestión de almacén, con entradas y salidas de inventario según peticiones de usuarios, y ajustadas a un calendario determinado.
Vamos, como una contabilidad de libros… y una informatización de archivos tampoco se diferenciaría mucho. Al hilo de esto, habría que preguntarse las razones por las cuales la informatización de archivos o la de museos no ha avanzado al mismo ritmo que la de bibliotecas.
Parece que la informatización de bibliotecas, o de archivos, no es “fashion”, no tiene “glamour” en los días del web social. Y buena parte de la culpa de ello la tienen precisamente las herramientas que se usan. Una revisión de sus funcionalidades técnicas actuales, comparadas con las que ofrecían hace una década, parece demostrar que en realidad el avance ha sido escaso (Tramullas y Garrido, 2009).
Si se analizan las últimas novedades del sector, en realidad nos encontramos con que se trata de nuevas aplicaciones que se construyen para suplir las carencias de las herramientas de informatización, añadiendo capas de nuevas funcionalidades conforme se van detectando nuevas necesidades de los profesionales o de los usuarios finales (Tramullas, 2009).
El impacto de Google trajo interfaces de búsqueda simplificados en los Opacs… aunque sobre esto habría mucho que hablar y discutir, con esos errores que confunden simplicidad con simpleza. La aparición del Web 2.0 tuvo como consecuencia el desarrollo de una capa de funcionalidad de participación, superpuesta a las herramientas de informatización de bibliotecas, a la que se ha dado en denominar “OPAC 2.0”… aunque sobre esto también habría mucho que analizar.
La conversión hacia la Web semántica está obligando a la aparición de capas de funcionalidad de intercambio y transformación de metadatos entre sistemas… y también sobre la colaboración e interacción entre sistemas bibliotecarios se abre todo un mundo por estudiar. Probablemente a corto plazo podremos ver cómo se incorporan nuevas capas de funcionalidad que extiendan las prestaciones.
Se puede argumentar que este modelo de desarrollo de productos de software resulta lógico, y viene determinado por la estructura de costes de la informatización de bibliotecas. Existe un elevado número de instalaciones de software propietario, que han requerido fuertes inversiones en licencias, infraestructura y formación, y que es necesario amortizar. Sin embargo, el modelo de desarrollo de software propietario cerrado se va a ir convirtiendo en inviable, precisamente por su propia filosofía y estructura de costes. El proceso de concentración de empresas y productos que vivió el sector hace unos años demuestra este hecho: se compraba para eliminar productos competidores y aumentar la base de clientes propia. Porque el software, en sí mismo, no tiene valor: su valor radica en la utilización que hacen del mismo los usuarios.
El panorama más completo sobre la percepción de las aplicaciones para informatización de bibliotecas lo viene realizando anualmente Marshall Breeding desde 2007. Los datos más recientes pueden consultarse en Library technology1:
Y si algo debe llamar la atención, es precisamente el uso de la palabra “percepciones”. La informatización de bibliotecas, desde el punto de vista del proceso, resulta ser mera técnica, aunque gran número de proyectos se han convertido en un fin por sí mismos. Sin embargo, la informatización de bibliotecas es un instrumento para desarrollar las políticas de información y alcanzar los objetivos establecidos para la biblioteca (y lo mismo sirve para el archivo). No voy a insistir de nuevo en que la meta deseada es satisfacer las necesidades del usuario.
Volviendo al aspecto técnico, es posible plantearse cómo cabe esperar que se desarrolle la fiel infantería de software que informatiza las bibliotecas. La primera afirmación indiscutible es que seguirán siendo necesarias aplicaciones informáticas que soporten los procesos de descripción, gestión, consulta y circulación de objetos de información. La segunda afirmación indiscutible es que el modelo comúnmente implantado de informatización bibliotecaria está agotado. A partir de aquí, es posible delinear varias hipótesis:
1. Se van a definir nuevos modelos teóricos y prácticos de referencia para las aplicaciones de informatización de bibliotecas. Ejemplo de ello es el trabajo llevado a cabo en las Open specifications for library systems LibTechRFP2, en 2007, o por el Open Library Environment Project3, desarrollado por The Andrew W. Mellon Foundation entre 2008 y 2009, y que ha desembocado en la producción del Kuali OLE, un modelo de aplicación basado en módulos de servicio extensibles4.
2. El modelo de desarrollo y servicio de software libre en el sector va a ir asentándose y madurando progresivamente. No son sólo Koha o PMB: Evergreen, fruto de un consorcio de bibliotecas, aumenta su cuota en Estados Unidos y desembarca en Europa: OPALS5 destaca como una aplicación emergente, y en Japón aparece Next-L6. En España habrá que estar atento al impacto que tiene Koha-Kobli7, y en el software privativo se abre paso otro modelo de desarrollo, más abierto y que combina componentes, de lo que es ejemplo la plataforma Sierra de Innovative Interfaces8.
3. Las aplicaciones de informatización deberán ser sociales y sociables, o no serán. El software y los servicios del Web social han llegado para quedarse. EL Opac 2.0 no es una simple capa técnica de funcionalidad social: es el reflejo de una decisión consciente de la biblioteca para abrir y extender sus servicios a la participación de los usuarios. Y un Opac 2.0 no es comentar o valorar: ahora es movilidad, es recomendación, es enriquecimiento de información, es mejora visual, es acceso integrado y sin complicaciones a la información en cualquier formato y origen: es un mini-Google especializado y personalizado. En la bibliografía al uso le llaman discovery interface, que suena más misterioso… Los usuarios integrarán la información que les interese en sus propias herramientas. Y si la aplicación de informatización no lo permite, simplemente abandonarán los servicios bibliotecarios en favor de otros proveedores.
4. Los silos de datos serán semánticos. Se impone el etiquetado automático en diferentes esquemas, y su apertura para la colaboración y la reutilización. Ejemplo de ello son las transformaciones automáticas que ya realiza eXtensible Catalog (Bowen, 2010). El objeto de trabajo no es el registro: es el dato. La necesidad de desarrollar la descripción de objetos de información en el Web semántico ha sido objeto de abundante discusión en 2011. Y no es una cuestión sólo técnica: la revisión y reformulación de los métodos y procedimientos de descripción de objetos de información se van encaminando hacia un cambio profundo a medio plazo. Véase la recomendación del W3C sobre web semántico y bibliotecas9. Otra cuestión a ver será cómo se regulan las licencias de uso de datos entre consorcios, catálogos colectivos y demás, que van a necesitar ajustes muy finos.
5. La presencia en la Red de la biblioteca no estará soportada directamente por el sistema de informatización y su Opac. La expansión de servicios y las necesidades de los usuarios llevarán a que sea un sistema de gestión de contenidos el que soporte esa presencia, en el marco del cual se integrarán el Opac y otros tipos de servicios y productos de información especializados. Deberá producirse la progresiva transformación de las aplicaciones de informatización de bibliotecas en sistemas especializados para gestión de contenidos. En realidad, esto ya lo apuntó Tomás Saorín (Saorín y Rodríguez, 2003), en su trabajo “Los portales bibliotecarios”.
6. Se producirá la creación de consorcios colaborativos de bibliotecas cuya actividad vaya más allá de un simple catálogo colectivo de registros. Las perspectivas económicas a corto y medio plazo van a poner en valor el trabajo compartido y distribuido, así como la colaboración en la asunción de costes, en especial en el campo de las herramientas tecnológicas y la gestión de datos. En este contexto se abrirán enormes posibilidades en el campo de la creación y gestión compartida de silos de datos bibliotecarios, merced a las enormes prestaciones que ofrecen los servicios de la nube. Y las aplicaciones para informatización de bibliotecas serán la llave de toda la actividad.
Sea cual sea el futuro, sea con Marc o xml, lo que parece seguro es que las aplicaciones para informatización de bibliotecas seguirán siendo “La pobre, sudorosa y fiel infantería”.
http://www.perezreverte.com/articulo/perez-reverte/287/la-fiel-infanteriaNotas
1. http://www.librarytechnology.org/perceptions2010.pl
2. Open specifications for library systems LibTechRFP.
http://libtechrfp.wikispaces.com3. Open Library Environment Project.
http://dev.kuali.org/system/files/OLE_FINAL_Report.pdf4. Kuali OLE.
http://kuali.org/OLE5. OPALS.
http://www.mediaflex.net/showcase.jsp?record_id=526. Next-L.
http://www.next-l.jp7. Koha-Kobli
http://kobli.bage.es8. Sierra.
http://sierra.iii.com9. Library Linked Data Incubator Group Final Report.
http://www.w3.org/2005/Incubator/lld/XGR-lld-20111025Referencias
Bowen, Jennifer B. “Moving library metadata toward linked data: Opportunities provided by the eXtensible catalog”. En: Procs. Int’l conf. on Dublin core and metadata applications, 2010, p. 44-59.
Saorín Pérez, T.; Rodríguez Muñoz, J.V. Los portales bibliotecarios. Madrid: Arco Libros, 2003.
Tramullas, Jesús. “Repensando el software para bibliotecas”. Tramullas.com, 31 marzo, 2009.
http://tramullas.com/2009/03/31/repensando-el-software-para-bibliotecasTramullas, Jesús; Garrido, Piedad. “Informatización y digitalización de bibliotecas: factores de desarrollo”. Boletín de Anabad, 2009, mn. 4, pp. 187-200.
Cómo citar este artículo:
Tramullas, Jesús. “La fiel infantería: panorama de las aplicaciones para informatización de bibliotecas”. Anuario ThinkEPI, 2012, v. 6, pp. ¿¿-??.
Las políticas comerciales de Google están incidiendo negativamente en la pertinencia de los resultados de las búsquedas. Esto se debe a que el concepto de relevancia ha cambiado en aras de la personalización de los resultados, algo que perjudica directamente a la búsqueda objetiva, la que se realiza desde los centros de información. Priorizar los resultados que los buscadores consideran que se ajustan a nuestras preferencias dificulta la verdadera pertinencia de las consultas, la que obtiene resultados precisos y que responde a la intención de la búsqueda. Google siempre destacó por su eficiencia, algo por lo que consiguió situarse como la herramienta por excelencia para la recuperación de información disponible en Internet (1). Los sucesivos cambios en los algoritmos de recuperación y la anunciada orientación de los resultados hacia las preferencias personales repercuten directamente en las estrategias de interrogación que se deben emplear para conseguir resultados objetivos y, por tanto, localizar los datos o archivos que realmente se necesitan.
La relevancia ya no consiste en ofrecer los resultados que se corresponden con lo que buscamos, sino lo que lo que las herramientas que empleamos para buscar información estiman que es lo que más se ajusta a nuestras supuestas preferencias, junto a aquello que creen que nos puede interesar en virtud de nuestro perfil: noticias, fotos, vídeos, etc. No se ofrece lo que buscamos, sino lo que se cree que buscamos. Pero, cuando se busca información desde servicios bibliotecarios de referencia o desde cualquier unidad documental, la recuperación debe estar lo más alejada posible de preferencias personales. Los profesionales de la información deben ser expertos en recuperación de información, por lo que tienen que ser conscientes de que las lógicas de los buscadores han cambiado y de cómo ahora nuestras competencias pasan por conseguir identificar relevancia con pertinencia, no con preferencias. En definitiva, se trata de saber que, si empleamos Google, la forma de buscar debe ser diferente, más elaborada, porque distintos son ahora los resultados, menos objetivos. Periódicamente Google informa de los cambios en sus algoritmos de recuperación (2), cada vez más orientados hacia la personalización de los resultados, buscando ajustarse a las preferencias de quien realiza la consulta, es decir, a lo que Google cree que nos interesa basándose en la información que tiene de nosotros. Además, las nuevas políticas de privacidad de Google (3), que tendrán efecto desde el 1 de marzo de 2012, buscan profundizar aún más en la obtención de resultados subjetivos, al unir la información que, como usuarios de cuentas de Google, hemos dejado en sus servicios: contenidos de nuestros correos electrónicos en Gmail, vídeos vistos en YouTube, historial de búsqueda almacenado, canales RSS en Google Reader, perfiles de Google + y conexiones en redes sociales, aplicaciones Android descargadas, etc. Las nuevas políticas apuntan a un proceso de "desdoscerización", donde la inteligencia colectiva sigue siendo un motor de la web, mayor todavía con las posibilidades de la comunicación móvil, pero donde las preferencias interesan como mercado potencial, como escaparate de tendencias, necesidades que cubrir y productos que vender.
La denominada por la empresa Google como "experiencia Google para los usuarios", de evidente inspiración mercantil, es contraria en principio a lo que podemos etiquetar como "experiencia Google para profesionales de la información", quienes siempre deben partir del principio de objetividad en la recuperación de la información. La parte positiva es que estos cambios devuelven el protagonismo a los expertos en información, obligados a dominar la extracción de información de forma adecuada. Ahora ya no se trata de conocer todos los operadores y sus combinaciones, sino que lo importante es entender cómo funciona Google, para personalizar la consulta, no los resultados de las consultas, para buscar de forma precisa, para que la relevancia sea igual a la pertinencia y para que lo encontrado se corresponda con la buscado. Hagan la prueba y busquen, por ejemplo, la nueva edición de un informe de un organismo. Si realizamos la consulta basándonos en la experiencia de usuario de Google, encontraremos noticias, páginas creadas hace tiempo, imágenes, productos en venta o conversaciones de redes sociales, por lo que se hace necesario filtrar la información desde el inicio, empleando las herramientas avanzadas que tanto Google como los navegadores y otras aplicaciones permiten; para ello, en este artículo se ofrecen algunos consejos para profesionales de la información que quieran rebelarse contra el falso concepto de relevancia y encontrar de forma ágil lo que se esté buscando.
Diez consejos para la recuperación objetiva de información
1. Busca de forma anónima. El anonimato debe ser el punto de partida. Es aconsejable realizar las consultas sin sesiones abiertas con cuentas de Google. Si se accede a un buscador o servicio previa identificación, las consultas se irán almacenando y paulatinamente los resultados se irán ajustando al historial de búsquedas. Si se busca algo diferente, se tardará más en encontrarlo, ya que al personalizarse los resultados, Google siempre intentará ofrecer lo más parecido a las búsquedas anteriores. No conviene buscar con cuentas de Google abiertas, aunque siempre se pueden eliminar los resultados acumulados, como se mostrará más adelante.
2. Usa la búsqueda avanzada. Los formularios en los que se combinan los términos de búsqueda para ajustar los resultados son un recurso esencial. El hecho de que sean sistemas clásicos no los convierte en obsoletos y siguen siendo la mejor forma de diseñar estrategias de interrogación. Aunque está activa, Google ya no enlaza claramente su útil búsqueda avanzada, que permite delimitar aspectos como consultar por frases, limitar los resultados a servidores específicos o elegir el formato de la información buscada. En recientes cambios de la interfaz principal de Google se eliminó el acceso directo a esta herramienta, que está disponible en http://www.google.es/advanced_search.
3. Usa operadores de precisión. El valor de los operadores para la recuperación pertinente no es tampoco nada nuevo y está en la base de cualquier buscador eficaz. No obstante, ante los constantes cambios en los algoritmos de Google, cada vez se hace más necesario completar la consulta con algunos operadores, especialmente con aquellos que permiten realizar búsquedas literales (texto entre comillas), limitar la consulta a servidores concretos (site:servidor), elegir formatos de archivo (filetype:tipo de archivo) o excluir términos (-término1 - término2). La información sobre los operadores de Google, en especial los empleados en la búsqueda avanzada, se puede conocer desde su página de ayuda: http://www.google.es/intl/es/help/features.html.
4. Usa los filtros. Google ofrece diversas opciones para seleccionar páginas alojadas en servidores de un área geográfica, en una lengua o en una fecha, por ejemplo. Estas posibilidades se ofrecen en un menú lateral y son útiles para delimitar los resultados. Por defecto, ofrece datos cercanos a nuestra ubicación, por lo que conviene modificar esta información por un área global. De igual forma, Google permite seleccionar tipos de información: noticias, imágenes, libros digitalizados, etc., a partir de un menú que muestra en la parte superior de los resultados. El uso de los filtros se realiza de forma posterior a una consulta; en primer lugar, se debe ejecutar una búsqueda a través del formulario inicial de Google, para después filtrar los resultados con las diferentes opciones del menú lateral, precisando fechas, idiomas o lo que se considere, o del menú superior, limitando la consulta a imágenes, vídeos, libros o el formato de la información que necesitemos.
5. Usa la búsqueda textual. La relevancia, tal como la entienden los profesionales de la documentación, pasa por ajustar los resultados a los términos de búsquedas. El algoritmo de recuperación de Google se fue alejando de este principio, pero, consciente esta empresa de que era necesario articular un sistema para localizar información por términos, en noviembre de 2011 puso en funcionamiento Verbatim (4), que sirve para obligar a que la recuperación de los términos buscados se realice de forma textual, dando prioridad a las palabras sobre las preferencias. La opción Verbatim se encuentra en el menú lateral de los filtros de los resultados de una consulta, bajo las opciones Más herramientas - Todos los resultados. 6. Elimina la información personal. Para conseguir la despersonalización de los resultados es necesario borrar cualquier indicio de nuestras consultas anteriores, aunque en casos de centros de información especializados puede ser de interés mantener preferencias de resultados. Tanto para eliminar la información completamente, como para mantener exclusivamente la que se considere pertinente, será útil consultar el panel de control de Google, donde se almacenan tanto el historial de consultas como la configuración de los servicios que empleemos. Desde este panel se ofrece la opción para modificar la información personal, borrar algunas páginas o eliminar el historial web de forma completa. El panel de control se encuentra en http://www.google.com/dashboard.
7. Elimina las preferencias de anuncios. Entre las novedades más discutidas del buscador Google está la personalización de la publicidad que se ofrecerá junto a los resultados de las consultas y que se modificará en función de nuestras preferencias. Si bien esta estrategia comercial es incontestable, sin embargo repercutirá en los resultados, que también se verán orientados hacia nuestros gustos o anteriores consultas. Para conseguir resultados limpios de información personal, lo más conveniente es que no se conozcan nuestras preferencias. Google nos facilita esta operación, permitiendo desactivar la generación de la cookie que alberga estos datos o accediendo a las preferencias almacenadas, desde donde pueden ser borradas. El administrador de preferencias de anuncios de Google está en http://www.google.es/ads/preferences.
8. Elimina el historial del navegador. Los navegadores permiten que se eliminen los datos de navegación, ya sea el historial de las páginas vistas, las cookies que se han ido cargando en la sesión, las contraseñas empleadas u otros datos almacenados durante el uso del navegador. A menudo las páginas visitadas se toman como fuente de información para posteriores resultados, por lo que, si queremos realizar búsquedas anónimas, es aconsejable bien configurar el navegador para que elimine toda la información al término de cada sesión o bien realizar una limpieza manual de los datos de las consultas: historial, caché, cookies, preferencias, autocompletar, etc.
9. Vacía la memoria caché. Para una eliminación integral de la información personal, datos de páginas visitadas o cualquier otra actividad realizada con los dispositivos que empleemos para buscar información, el complemento idóneo es el borrado de la memoria caché de la CPU, donde se almacenan rutinas de las aplicaciones y datos de navegación. No se trata de una operación directamente vinculada con la mejora de resultados de las consultas en sistemas automatizados, pero vaciar esta memoria permite iniciar búsquedas asegurándose de que no hay datos almacenados que interfieran en la posible personalización de los resultados. Un programa gratuito con probado rendimiento para el borrado de la memoria caché y las rutinas innecesarias es CCleaner, que se puede descargar desde http://www.piriform.com/ccleaner.
10. Diversifica los recursos de información. Hay fuentes específicas para cada tipo de información, por lo que un profesional no precisa partir siempre de buscadores para localizar aquellos datos o documentos que necesita. La formación y la experiencia enseñan a seleccionar las fuentes de información más útiles, que debemos organizar para acceder a ellas de forma ágil. Es esencial disponer de un sistema de administración de recursos, para los que son especialmente útiles los servicios de favoritos sociales (Delicious, Diigo) y los escritorios virtuales (Netvibes, Protopages). Para la gestión de recursos de información cada vez son más recomendables herramientas como Zotero o Mendeley, por su versatilidad para describir cualquier tipo de recurso y por las posibilidades de sincronización de los datos en servidores en la nube, en instalaciones locales o en aplicaciones móviles. Esto mismo ocurre con el navegador Mozilla Firefox, que también es una opción para la gestión de los favoritos y la sincronización de los recursos en diferentes dispositivos.
Google es la herramienta de recuperación de información de mayor valor, pero su creciente adaptación de los resultados a criterios comerciales, basados en una supuesta adecuación de los enlaces ofrecidos a las preferencias de los usuarios, está dando como resultado que sea necesario filtrar la información, emplear con frecuencia operadores o modificar las consultas para conseguir los resultados que se buscan. El anonimato en la recuperación de la información es el medio para la consecución de resultados objetivos. Google quiere conocer a sus usuarios para afinar los resultados y darles mejor servicio, pero los profesionales de la información debemos conocer a Google para obtener los resultados que buscamos y para que este potente buscador esté a nuestro servicio.
Notas
(1) Google explica su evolución mediante una nota en su blog oficial del 21 de noviembre de 2011, en la que incluye un vídeo y un gráfico con una línea de tiempo muy aclaratorios. The evolution of search in six minutes: http://insidesearch.blogspot.com/2011/11/evolution-of-search-in-six-minutes.html.
(2). Inside Search: The official Google Search blog es el canal de comunicación desde el que se informa de las novedades del buscador: http://insidesearch.blogspot.com.
(3) Google unificará el 1 de marzo de 2012 las políticas de privacidad de sus servicios, que los usuarios están obligados a aceptar si quieren seguir usándolos: http://www.google.com/intl/es/policies.
(4) Verbatim fue presentado por Google el 15 de noviembre de 2011 en la nota de su blog titulada Search using your terms, verbatim: http://insidesearch.blogspot.com/2011/11/search-using-your-terms-verbatim.html.
José Antonio Merlo Vega Miembro del grupo ThinkEPI Profesor Titular y Director del Servicio de Bibliotecas de la Universidad de Salamanca
Book-centered social networking site Goodreads, which allows users to keep records of the books they read and share the information with others, has long sourced most of its basic book data from Amazon (NSDQ: AMZN). Now, saying Amazon’s API terms have become “more and more restrictive,” Goodreads is switching data providers and entering an agreement with book wholesaler Ingram—alarming some users who fear their reading records will be lost.
Goodreads used Amazon’s public Product Advertising API to source basic book data like title, author, page count and publication date.
Goodreads’ situation illustrates the risks of building a site around any retailer’s API, since that retailer can change its terms at any time. Amazon’s Product Advertising API license agreement has not changed since April 2011 but “the terms now required by Amazon have become so restrictive that it makes better business sense to work with other data sources,” the company told me.
Specifically, Goodreads finds two requirements of Amazon’s API licensing agreement too restrictive. Amazon requires sites that use its API to link that content back to the Amazon site exclusively—so a book page on Goodreads would have to link only to its product page on Amazon, and not to any other source or retailer. Goodreads links to many online retailers. “Our goal is to be an open place for all readers to discover and buy books from all retailers, both online and offline,” the company told me. Amazon also does not allow any content from its API to be used on mobile sites and apps.
The changes take place January 30. Goodreads’ new data source is book wholesaler Ingram. Goodreads will pay to license data from Ingram, and will supplement it with book records from the Library of Congress and other sources.
Goodreads stresses that most book records will be safe: “Not a single review, comment, shelving, or rating will be lost in this transition. That’s the most important thing—your data is 100% safe.” It’s calling on “Goodreads librarians”—users who’ve applied for and received permission to edit data in the catalog—to help verify data for some titles that may be deleted otherwise. Here are the books that need to be “rescued”—including many foreign-language titles.
Books that are only available through Amazon, like Kindle editions ands self-published Kindle books, have no alternative data sources. “We anticipate keeping these, and will bend over backwards for all our authors who publish via Kindle to make sure their readers on Goodreads have a smooth transition,” the company says.
Ciertamente, todo es información, pero cada medio es una industria con sus propias reglas. Ahora le ha tocado al libro de texto, y específicamente al segmento del libro de texto escolar.
En los últimos años Apple, bajo la dirección del recientemente fallecido Steve Jobs, ha ido atacando varias industrias relacionadas con la creación y distribución de contenidos. Ahora le toca al libro de texto… como avanzadilla del libro en su conjunto.
Desde que leí en la biografía de Walter Isaacson que Jobs había puesto el ojo en el negocio de los libros de texto impresos como una de las industrias disfuncionales en el mundo digital a las que resultaba fácil hincar el diente, estaba esperando la noticia, ya convocada a principios de mes por la propia compañía. Lo que había ocurrido con los reproductores de música, la distribución digital de música y vídeo, o los teléfonos móviles, le podía pasar al libro (Cordón, Gómez y Alonso, 2011; Cordón, 2011; García, 2008).
En la página 636 de la edición española de la biografía, Isaacson cuenta cómo Jobs se había fijado en los libros de texto como el siguiente campo que quería transformar, y que creía que la este campo de actividad —un importante oligopolio también en nuestro país— estaba a punto de ser arrasado por la revolución digital. Isaacson pone textualmente en la boca de Jobs:
“El proceso que los diferentes estados del país emplean para certificar los libros de texto está corrompido, pero si podemos hacer que sean gratuitos y que vengan incluidos en el iPad, entonces no necesitarán ningún certificado. La lamentable situación económica de los estados va a seguir igual de mal otros diez años. Así podremos darles a los gobiernos la oportunidad de saltarse todo el proceso y ahorrar mucho dinero”.
Más allá de las declaraciones expresas, está claro que el propio iPad presagiaba el paso, pues a nadie se le podía escapar su cuidado formato de libro electrónico y su diseño como dispositivo de lectura multimedia: música, vídeo, libros, revistas, gadgets, etc.
Pues bien, hoy en Nueva York, en el espléndido escenario del museo Guggenheim, a las 16:00 hora española, 10:00 de la costa este, Phill Schiller, director de marketing de la compañía, ha presentado la primera versión de las herramientas y ha desvelado la estrategia de Apple.
Como es usual en el estilo Apple, ha comenzado atacando directamente a los competidores. Ha situado el esfuerzo dentro del fracaso escolar en USA, donde sólo se gradúa el 70% de los estudiantes de instituto; y ha sentenciado que los libros tradicionales han dejado de ser la herramienta ideal para ayudar en esta situación. No es ya que los libros sean antiecológicos —su huella de carbono es enorme tanto en lo que respecta a su materia prima, producción, distribución y almacenamiento—, sino que además son malos para la salud y, en el mundo actual, para el desarrollo de la mente.
Apple ha elegido la mochila cargada de libros como metáfora: “Heavy backpacks. Weighed-down students”, y Schiller ha desgranado su retahíla: los libros de texto son caros de producir y de comprar, cuando han sido editados ya están casi obsoletos, no se pueden actualizar, se deterioran y su reutilización exige —¡oh, aporía!— que no se utilicen —anoten, subrayen, manejen…— o se utilicen poco.
Pero es que, además, los estudiantes actuales han crecido en un ambiente dominado por la tecnología, rodeados de información interactiva y en constante actualización, con acceso a recursos multimedia, audio y vídeo. El libro tradicional se ha quedado en otra cultura. Estos días, con motivo de su muerte, un comentarista —no recuerdo el nombre, disculpe el autor— hablaba de Fraga como miembro de la cultura del libro, frente a Suárez y González, hombres de la televisión; y dejaba que nos imagináramos las consecuencias. ¡Qué se puede decir de la nueva brecha digital que separa no sólo a pobres y ricos, sino a las generaciones!
Con el problema así planteado de telón de fondo, la estrategia de Apple se apoya en cuatro pilares: iBooks, iBooks Author, sus canales de venta —iTunes, AppleSotre, iBookstore, Mac App Store— y las herramientas educativas.
iBooks es una aplicación de lectura de libros electrónicos, que se beneficia, como señala Daniel Eran Dilger, de la tecnología desarrollada para el contenido digital y los anuncios para el iPhone e iPad —el iAd Producer. Apple ha apostado por Html5 como tecnología subyacente y por ePub para el empaquetado final. Los gráficos de los iBooks tienen todas sus potencialidades: escalables, rotables, activables, navegables… El texto es lógicamente hipertexto y es buscable. Por supuesto, permite integrar vídeo, gráficos 3D y animaciones en los libros. Y todo sin sacrificar la cuidadosa maquetación, ajustable automáticamente al dispositivo.
Además, iBook permite el trabajo con los libros. Se pueden subrayar con diferentes líneas y colores, y anotar utilizando el dedo, creando notas de estudio que se pueden sincronizar entre diferentes dispositivos. Además, permite incluir ejercicios, en la forma de cuestionarios y aplicaciones (widgets).
Se percibe aquí una estrategia inteligente de diferenciación frente a los eBooks. El color y la interactividad se contraponen a una tecnología que, aunque es más cómoda para la lectura, no tiene la capacidad multimedia de las pantallas táctiles retroiluminadas de alta definición. Y se dirigen a un público joven que exige esa interactividad y color, dejando por ahora de lado al otro segmento de mercado —el público adulto— más habituado a una lectura tradicional. Apple mantiene la estrategia que le ha dado tan buen resultado de conquistar el mercado por la parte baja de la pirámide de edad: son los jóvenes los que surfean la ola del cambio tecnológico.
El segundo pilar son las herramientas de autor, el iBooks Author. Para empezar, y a diferencia de Adobe acrobat, la aplicación es gratuita. Convierte con esta mano tendida a los autores en potenciales aliados. La aplicación se integra de forma sencilla con las demás herramientas de autor de Apple, su suite multimedia, y con Pages, Numbers y Keynote, los cuales son muy utilizados en el mundo de la enseñanza, y destacan por su bajo precio.
Desde ellas, se puede reutilizar información simplemente arrastrando. No hace falta tampoco ni siquiera saber diseñar una maqueta, Apple proporciona plantillas elegantes con diversos formatos de página. Salvando las distancias, la herramienta recuerda mucho al venerable HyperCard, pero puesta en esteroides tras la revolución multimedia y la conectividad en red. Hay también algunas funcionalidades específicamente creadas para la edición de libros de texto, como la incorporación de palabras al glosario.
El tercer pilar de la estrategia de Apple es la distribución. En realidad, es aquí donde creo que se sitúa su auténtico potencial revolucionario. Los canales de comercialización de Apple son bien conocidos por la simplicidad, amigabilidad y elegancia con la que sirven al usuario. Aquí el autor se convierte en un usuario más: desde la herramienta de autor, los libros pueden ser enviados directamente a iBookstore.
Apple ha innovado decisivamente en un aspecto: ha incorporado la orientación a versiones y a la actualización de AppleStore —la tienda de programas— a su librería digital. Ahora se podrán descargar las actualizaciones como parte de la venta de un título, en muchos casos gratuitamente. El sistema avisará automáticamente de la disponibilidad de nuevas ediciones.
La estrategia de distribución tiene el característico push duro de la compañía. Para que los editores entren al trapo, Apple ha abierto astutamente su canal de distribución directamente a los autores, de manera que si los editores no quieren estar, otros cubrirán su hueco, del mismo modo que ha pasado con el desarrollo de aplicaciones interactivas para el iPhone e iPad. Es importante enfatizar aquí la decidida estrategia de desintermediación, también asumida por Google books, que puede terminar llevando muy lejos.
Como ocurrió con la música y las series, ha conseguido arrastrar a varias grandes casas editoriales, destacando Houghton Mifflin Harcourt, Mc Graw Hill Education y Pearson. Ha fijado también un precio máximo, en este caso de 14,99 dólares.
Finalmente, Apple ha transformado iTunes U para incluir servicios propiamente educativos que acompañen a los libros y al iPad. Ahora es posible subir no solo audio y audiovisuales, sino documentos, presentaciones y aplicaciones, y los profesores pueden poner deberes y convocar exámenes, dando un primer paso para convertirse en una plataforma de eLearning (LMS).
Me gustaría cerrar esta reseña comentando dos cuestiones finales. En primer lugar, un aspecto muy interesante de la filosofía del marketing de Apple es que se orienta claramente a medios específicos, que identifica como mercados, con sus clientes, necesidades y canales de venta claramente distinguibles. Ciertamente, todo es información, pero cada medio es una industria con sus propias reglas. Ahora le ha tocado al libro de texto, y específicamente al segmento del libro de texto escolar. En nuestro campo, por otra parte, muchas veces hablamos de información en general sin atender a esa íntima unión entre necesidad, cliente y medio.
En segundo lugar, se debe resaltar una vez más cómo Apple utiliza la integración entre hardware de desarrollo, hardware de consulta, aplicaciones de autor y herramientas de consumo, canales de distribución digital y servicios en red añadidos para potenciar sistémicamente, sinérgicamente, sus productos y servicios frente a los de los competidores, creando un ejemplar prototípico de lo que ahora se denomina “ecosistema digital”. Esta estrategia le permite sobrevivir y aun progresar en la ecología abierta que ha explosionado gracias a la internet (García, 2008).
Como conclusión, creo que se acelera el paso a una nueva etapa en la larga historia del libro. Apple no es precisamente un “minor player”. Hace unos años, se podía haber tomado el avance como una baladronada por parte de un recién llegado presuntuoso. Pero la compañía ha demostrado en los últimos años su capacidad para conquistar mercados partiendo de una presencia nula. Parte en USA, además, de una buena base: un millón y medio de iPads en las escuelas.
El envite es, sin duda, un homenaje a Jobs, en línea con su filosofía. Por un momento ha parecido que Steve Jobs seguía vivo, revoloteando en espíritu. Dirige una vez más su producto al público, saltando por encima de las oligarquías e imponiéndoles sus condiciones… Hoy una gran parte de los protagonistas de la industria del libro de texto habrán probablemente sentido un escalofrío ante un reto que parece venir del más allá. Estoy deseando ver como responden. En cualquier caso, Apple habrá elevado una vez más el nivel de juego en una industria digital.
Referencias
Apple. “Apple Special Event”, January 19, 2012.
http://events.apple.com.edgesuite.net/1201oihbafvpihboijhpihbasdouhbasv/event/index.htmlCordón García, José Antonio; Gómez Díaz, Raquel; Alonso Arévalo, Julio. Gutemberg 2.0 : La revolución de los libros electrónicos. Gijón: TREA, 2011.
Cordón García, José-Antonio. La revolución de los libros electrónicos. EPI-UOC, 2011.
Dilger, Daniel Eran. “Apple iWork VP Roger Rosner involved in new iBooks textbook effort”. Apple Insider, January 17, 2012.
http://www.appleinsider.com/articles/12/01/17/apple_iwork_vp_roger_rosner_involved_in_new_ibooks_textbook_effort.htmlGarcía-Marco, Francisco-Javier. “El libro electrónico y digital en la ecología informacional: avances y retos”. El profesional de la información, 2008, v. 17, n. 4, pp. 373-389.
Isaacson, Walter. Steve Jobs: la biografía. Barcelona: Debate, 2011.
Cómo citar este artículo:
García-Marco, Francisco-Javier. “Apple lanza un órdago a la grande en el mundo del libro”. Anuario ThinkEPI, 2012, v. 6, pp. ¿¿-??.
Hace algunos días leí un artículo que mencionaba que en Australia y Nueva Zelanda se está llevando a cabo un proyecto experimental, el cual consiste en cobrar por el préstamo de libros electrónicos en bibliotecas públicas con el objetivo de obtener recursos ante los recortes presupuestarios derivados de la crisis económica. Para Peter Brantley, director de la Internet Archive’s Bookserver Project, una librería digital sin ánimo de lucro, ésta es una forma de que “las editoriales depositen una mayor confianza en las bibliotecas a la vez que éstas siguen ofreciendo su principal servicio. Las novedades o los títulos más vendidos serían los primeros en entrar en este sistema de pago”.
Sin embargo, esta propuesta contraviene la idea tan extendida de que los contenidos publicados en formatos digitales son más económicos que los publicados en papel. Pues hasta el momento, las bibliotecas públicas siguen prestando libros sin costo alguno. ¿Por qué debería cobrar por los digitales, si ya no existe proceso editorial alguno a nivel industrial? Pero esto es sólo una muestra de la amenaza económica que se cierne sobre la lectura en el futuro.
En el otoño del año pasado, Amazon lanzó el Lector Electrónico Kindle más barato del mercado. En Europa tiene un costo de 99€, es decir, en España corresponde al 15,43% de un mes de salario mínimo: 641,40€ (hoy congelado por el gobierno del Partido Popular). En México, por otra parte, se deben pagar $76 dólares, es decir, poco más de $995. Lo que significa más del 50% del salario mínimo, que ronda actualmente los $1,870 pesos, y en algunas zonas de la República incluso es menor. Así que para una familia común, integrada por cuatro personas, e incluso llegando a sueldos medios, adquirir alguno de estos dispositivos implica un gasto importante.
Quizá esta idea sea fácilmente rebatible argumentando que los eBooks son más baratos. En el caso de España no es así, además de que recordemos que el catálogo hasta el momento es muy reducido. También es cierto que existen eBooks gratuitos en Amazon, pero de dudosa calidad. En lo personal tuve la mala experiencia de adquirir un Quijote incompleto y que sólo gracias a los comentarios de los usuarios, pudieron recomendarme una versión completa. Por supuesto, la empresa proveedora nunca avisa de estos inconvenientes. No tengo muy claro si se debe precisamente a su gratuidad. También me llamó la atención que los eBooks no mencionen la versión de la edición que se está leyendo ni dé crédito a los traductores cuando se trata de un libro originalmente escrito en otra lengua.
Es curioso que hasta el momento no haya surgido un movimiento a favor de la reducción de los costos de los eReaders, mientras que existen millones de voces que exigen la disminución al mínimo de los contenidos. Como si pensáramos que el costo de un dispositivo es justo por su calidad técnica. ¿Y por qué no pensamos lo mismo de una obra literaria?
Hace dos años, durante una charla del Bookcamp de Kosmópolis, después de que uno de los ponentes enumerara las diversas interfaces de lectura a lo largo de la historia, desde la tabla de arcilla hasta los eBooks, y alabar estos últimos, principalmente porque su coste es menor al del papel, lo que permitiría un mayor acceso para todos, le pregunté sobre los costos de los dispositivos electrónicos. Después de enardecerse un poco me dijo que éste se reduciría igual que los móviles debido a la demanda del mercado. No obstante, la actual crisis económica ha demostrado que el mercado no es lo más confiable y que las desigualdades sociales son cada vez mayores.
En España, actualmente se está solicitando que los eBooks tengan el mismo IVA reducido que los libros de papel. Pero nadie ha pedido lo mismo para los lectores electrónicos. Recordemos que sin eReader, el cual ofrece un tamaño ideal, una calidad de pantalla insuperable y una gran facilidad de uso (lo que los posmodernos llamarían User Friendly), es imposible acceder a un eBook. O sí, pero a través de dispositivos que no están creados para una lectura constante.
Quizá es muy temprano para saber qué va a pasar en un futuro inmediato con el desarrollo de la lectura, aunque estos ejemplos demuestran que está todavía muy lejos de convertirse en una actividad generalizada, a la cual toda la población pueda acceder, sin importar el país del que hablemos.
Hasta el momento los libros en papel (con sus ediciones revisadas), las escuelas, el compromiso público de las bibliotecas, el préstamo mano a mano, siguen siendo un método efectivo para que la gente pueda acceder a los libros y su lectura. Si dejamos que los grandes monopolios electrónicos asuman este papel, más adelante nos encontraremos con una enorme brecha cultural, no sólo entre países, sino dentro de sus sociedades, ya sean desarrolladas o no.
De nosotros depende que la lectura siga siendo un derecho y no un bien de consumo al alcance de unos pocos.
Saskia Sassen
Esta mujer nómada, experta en análisis rompedores sobre las ciudades, nació en La Haya en 1949. Vive a caballo entre Nueva York y Londres; viaja continuamente para explicar sus teorías sobre las urbes y la globalización. Su libro 'La ciudad global' (1991) le dio reconocimiento mundial .
Nació en Holanda, pero sus padres se trasladaron a Argentina cuando era muy pequeña (más o menos por la época de la foto), y allí vivió 16 años. Estudió economía, sociología y filosofía en Francia, Italia, Argentina y EE UU. Pero sus pilares sobre justicia social los ha aprendido sobre todo viviendo; ha trabajado como inmigrante ilegal en Europa y EE UU. Y recientemente reconoció en este periódico que La rebelión de las masas (Ortega y Gasset) le cambió la vida: "El libro marcó mi visión de lo social". Tenía 13 años; se hizo comunista.
Esta socióloga, especialista de las universidades de Columbia y Chicago en analizar ciudades, rompe moldes sobre la globalización y el consumo. Denuncia nuevas trampas del capitalismo, como la compra masiva de tierras.
La socióloga, filósofa y economista holandesa, que acuñó el término "ciudad global" y que fue elegida por los lectores de Foreign Policy uno de los 100 personajes del año 2011, esconde, tras su brillantez profesional, una vida de penurias y osadía. Nació en La Haya en 1949, creció en Buenos Aires y se formó en EE UU. Habla seis idiomas. Atiende nuestra cita en Fráncfort, donde participó, junto a su marido, el sociólogo urbanista Richard Sennett, en un congreso organizado por Audi para analizar el futuro del coche en la ciudad.
"Al generar redes, la ciudad hace presentes, visibles, a los 'sin poder"
¿La economía urbana ha pasado de valorar a las personas como consumidores a tratar de expulsarlas porque sobran? Este proceso de expulsión se da en muchos sitios. En el campo también, porque compran las tierras y sobran quienes las cuidaban. En la ciudad, los hogares y los comercios modestos quedan desplazados del centro. Además, en esta generación, la cuarta tras la Segunda Guerra Mundial, la clase media está perdiendo poder. Se está empobreciendo en países altamente desarrollados como Francia, EE UU y Reino Unido. La nueva generación adquiere menos educación formal, menos ingresos, y tiene menos posibilidades de comprar una casa. Eso es una especie de expulsión de un proyecto de vida.
¿Creíamos que cada generación avanzaría respecto a la anterior? Parecía parte de un contrato social, pero esa trayectoria ha sido interrumpida en países como Chile o Argentina, donde fue brutal lo que le pasó a la clase media tras la crisis.
¿Por qué ha sucedido? Es un nuevo sistema. Parece una continuación del antiguo, pero no lo es. La lógica financiera ha invadido todos los sectores económicos. Hay una organización del sistema que nace en los años ochenta y se establece en los noventa. Hoy vivimos sus consecuencias. Y el cambio fundamental es que, en la época del keynesianismo, la base económica era la manufactura de masa y el consumo de masa: la construcción de espacios suburbanos de masa con las correspondientes carreteras e infraestructuras. Es decir, una serie de procesos económicos que implicaron que el consumo importara muchísimo. Hoy, el sistema financiero ha inventado modos de multiplicar la renta sin pasar por el consumo de masa.
Construir suburbios se convirtió en un gran negocio... Cada hogar suponía una nueva nevera, una nueva televisión, nuevos muebles... Todo nuevo. Se generó un ciclo vicioso positivo. Teníamos un sistema basado en el consumo. Fuera o no necesario, era vital seguir consumiendo.
¿Ya no es así? Se ha roto la cadena. El salario del trabajador ya no hace posible mantener el consumo. Se ha roto la cadena, porque se ha terminado la construcción en masa. Ahora vivimos en un ciclo muy distinto.
¿Qué sucede con la gente que vive en las ciudades y ya no puede consumir? No es solo un tema de desigualdad y exclusión social, aunque ambos existen. El nuevo elemento es que muchos de los desempleados de hoy no tienen posibilidad de volver a tener una vida normal de trabajo. Tanto en Reino Unido como en Estados Unidos, la población de presos ha aumentado muchísimo, y a mí me parece que si bien algunos de estos prisioneros son asesinos, la gran mayoría no lo son y no deberían estar en prisión. La cárcel es una especie de almacén de gente que el sistema no puede absorber porque no puede emplear. Viven expulsados del sistema, almacenados y sin posibilidad de reinsertarse.
Otro tema que usted toca es el de países que compran grandes cantidades de terreno en otros países, como China en Zambia, y que generan expulsiones masivas de población. ¿Cómo es posible eso, adónde va esa gente? Agencias de Gobierno y firmas financieras compraron 70 millones de hectáreas entre 2006 y 2010 en África, Rusia, América Latina, Vietnam, Ucrania y Camboya. Entre los grandes países compradores están China, Arabia Saudí, los Emiratos Árabes, Corea del Sur y Suecia. Pero en los últimos años los mayores compradores en África subsahariana han sido... las firmas financieras de alto riesgo. ¡Imagínese!
¿Para qué? Es tierra para el cultivo agrícola. Y tierra con altos niveles freáticos. Compran tierra con agua.
¿Compran en previsión del incremento del precio de los alimentos o para convertir las cosechas en combustible? En general, uniformizan los cultivos. Este año, J. P. Morgan compró 40.000 hectáreas de tierra en Ucrania, pero los fondos de inversión especulativos son los que han comprado más. La tierra representa comida y agua, pero también puede representar biocombustibles y también tierras raras. ¿Sabe lo que son?
No. Hay 17 componentes que Mendeleyev identificó en su tabla periódica como elementos que no sabía para qué podían servir. Ahora lo sabemos. Las pilas ecológicas requieren algunos. Los americanos decidieron importarlos de los chinos y no desarrollaron la tecnología para obtenerlos. Y ahora China es el principal país exportador con casi el 90%, y Japón, EE UU y otros están aterrorizados con que pueda suspender exportaciones. Cuando un país como China compra 3 millones de hectáreas en el Congo y 2,8 millones en Zambia para plantar palma, o sea, para plantar un único cultivo, eso es una manera de empobrecer la tierra. Además de expulsar especies de flora y fauna y pueblos enteros, expulsan a los pequeños agricultores. ¿Adónde se van? A las ciudades. Lo mismo pasa en India. En los últimos 30 años, los pequeños agricultores han sido expulsados. Estos pequeños propietarios no son estúpidos. Saben que la tierra produce. Pero los agricultores pierden esa batalla.
Expulsados hacia las ciudades, ¿y si allí no hay trabajo para ellos? El sistema económico, el auge de las finanzas, ha hecho crecer a un sector intermediario que se ha vuelto estratégico. Pero este sistema no distribuye los beneficios del crecimiento económico. Al contrario, los concentra más y más. Hoy, en las ciudades sobra gente. Ya no hacen falta.
Pero muchas ciudades no dejan de crecer... La ciudad todavía absorbe a gente, todavía es atractiva. En una época como la nuestra, de grandes inestabilidades, se da una mayor apertura mental, hay grandes oportunidades y, por tanto, grandes desilusiones. La ciudad es el territorio de lo posible, pero no del progreso asegurado.
Vamos a la ciudad a probar fortuna. Ahí voy. En el campo queda poco. La tierra está privatizada en manos de grandes empresas y de grandes agencias de Gobierno, como las de China... Nuestras ciudades son mutantes, pero las reconocemos a pesar de sus cambios. La sociabilidad, el contacto físico que ofrece la ciudad, es insustituible. Los centros hacen que la gente se vea. Gente muy distinta se tropieza, habla. Y esos encuentros en un centro urbano no generan violencia. Los centros urbanos son fascinantes por esa capacidad de mezclar sobrepoblación y paz.
¿El centro de la ciudad hoy, en tiempo de grandes inestabilidades, es un espacio de civilización? Es de todos. Un inmigrante o un turista se sienten bien en el centro de la ciudad. Los barrios suburbanos son otra cosa; la misma mirada de la gente puede expulsar. Con tanta gente desesperada por tener un empleo y una vida con más posibilidades, es el contacto físico de diversas clases sociales lo que da la sensación de potencial en las ciudades.
Eso sucede cuando los centros son lugares con vida. Cuando la gentrificación expulsa a los pobres de los centros y los uniformiza con una única clase social, ¿se pierde ese civismo? Se pierde el motor de la ciudad. Mi hijo Hillary, que es escultor, vive en Londres en una zona que mezcla todo tipo de razas y religiones. El denominador común es la falta de dinero. En ese barrio, por la noche, aparece el mundo. En las ciudades ocurren cosas como que los jóvenes se encuentran. Mi hijo llegó a Londres desde Nueva York y ocupó un edificio con otros amigos. Si ocupas un edificio, la policía te debe dar un aviso de expulsión tres meses antes de echarte. Están fuera del sistema, pero mientras viven en esos edificios montan exposiciones que reciben críticas y reseñas en la prensa. Eso es interesante. Estás fuera de la ley, pero estás protegido. En Berlín Este sucedió algo parecido tras la caída del Muro. Todos esos mecanismos permiten sobrevivir y tener un proyecto de vida. No es cómodo, pero es posible.
Pero su hijo probablemente no sea un ejemplo de pocos recursos. Tiene una madre académica. Es verdad. Pero él quería su propio proyecto de vida. Se trata de poder pertenecer al mundo. Lo hizo con 22 años. Hoy, con 30, tiene un apartamento con una habitación, pero su entrada fue al margen de la ley. Esa posibilidad de llegar fuera de la ley es buena. Algunos suburbios, como las favelas, son algo más que zonas de miseria. Desarrollan sus propias economías.
¿Está diciendo que para sobrevivir en las ciudades hay que hacerlo de manera marginal? Lo que quiero remarcar es que la gente sin recursos puede hacerlo así y sentirse parte de la ciudad, sentir que esa también es su ciudad, que la ciudad le pertenece un poco. Yo entré en EE UU de inmigrante ilegal y sentí eso, sentí que Nueva York también era mi ciudad, my city... Es un hacer colectivo. No es un milagro, la ciudad lo permite.
Nacida en Holanda, crecida en Argentina, nómada después por Europa... ¿Por qué tanto traslado? Mi familia vivió 14 años en Buenos Aires. Llegó a principios de los cincuenta. En la posguerra... Hay dos o tres cosas que se mezclan... Mis padres eran jóvenes, aventureros. El Estado holandés tomó medidas progresistas cuando decidió acomodar a los refugiados de Europa del Este tras la Segunda Guerra Mundial. Facilitaron la emigración de holandeses bajo la idea: "Ustedes son holandeses, les van a recibir en todo el mundo, y aquí necesitamos sitio". Hoy hay nueve millones de holandeses fuera del país.
¿Sus padres decidieron ceder su sitio? Bueno... Le explico el contexto. Mi papá era periodista, y mi abuelo era el alcalde de una ciudad bellísima del sur de Holanda, Hertogenbosch. Al ser invadida por los nazis, le dijeron que o colaboraba o le bombardeaban la ciudad... No entregó a ningún judío. No había judíos allí. Pero colaborar significaba que uno hacía un pacto. Después de la guerra, a mi abuelo lo llevaron a prisión. Y mi papá había estado con los nazis como periodista... Pero quizá fuera mejor dejar este tema...
No, por favor. Mi papá, que era un aventurero total, se trasladó al frente, se hizo corresponsal de guerra. Goebbels había creado un batallón para los corresponsales de guerra. Eran todos periodistas; y fumaban, bebían. Nada de disciplina. Era un batallón cómico. Aun así, mi padre estuvo en el frente en Rusia... Incluso fue herido. Luego Goebbels lo metió en prisión. El general odiaba a mi padre y mi padre odiaba a Goebbels. Pero mi padre también se volvió muy antisoviético. Yo, en cambio, me hice comunista con 13 años; hasta estudié ruso. Y me fui de mi casa porque no aguantaba más. Pero todo es más complejo... La familia de mi padre era de grandes propietarios de minas. Y los católicos del sur de Holanda odiaban a los británicos, porque consideraban que estaban robándoles... El problema de hablar de estos temas es que, al decir que estaban contra los británicos, la gente tiende a calificarte de pronazi. En Nueva York no puedo hablar de este tema. Terminarían diciéndome: "Lo que sucede es que usted es antisemita". No me ha pasado, pero podría pasarme. Por eso no hablo mucho de esto...
¿Y su madre? Mi madre llevaba una vida bohemia. Tengo fotos de mis padres con escritores. Después de vivir en Irlanda, seguían siendo antibritánicos. Eso se pierde luego en Europa por oposición generalizada al Holocausto. Esa nueva negativa domina a la anterior antibritánica. Así es que mis padres decidieron embarcarse.
Cuando llegan a Argentina, ¿qué hace su padre? Bueno, él... él se hizo amigo de todos los grandes dictadores de América Latina: de Perón... Pero siempre tuvo algo que por ahí era el socialismo. Estaban las dictaduras militares, pero también los sindicatos... reuniones clandestinas en Mar del Plata. Y siempre nos llevaba. Éramos nenas; creo que servíamos de camuflaje.
¿Todo esto lo ha entendido después? Eso de no entender me marcó. Pero la política dominaba mi vida. Yo era comunista y me enfrenté a mis padres. Quise irme. Ahorré dinero. Les pedí un préstamo y tomé un barco a Hamburgo. Experimenté la pobreza y pasé hambre. En París, en Turín, donde en invierno llegué a un acuerdo con el dueño de una trattoria para que cada noche me diera un plato de sopa. En Estados Unidos, donde me dediqué a limpiar casas. He tenido una vida paralela.
Usted va a menudo contra los conceptos establecidos. Por ejemplo, defiende que la inversión en los países menos desarrollados aumenta la emigración porque devasta las economías tradicionales. Eso hoy está comprobado. Puede parecer contradictorio, y por eso me interesa. Uso la ciudad para entender una realidad más allá de lo urbano.
Se repite que las movilizaciones del mundo árabe no hubieran sido posibles sin Internet, pero tampoco se podrían haber producido sin las ciudades. ¿Hasta qué punto la ciudad es clave para movilizar a la gente? Cuando hay mucha transformación urbana, el individuo pobre se vuelve multitud y puede hacer historia. Eso no les da necesariamente poder, pero les da capacidad de hacerse presentes. Creo que la ciudad tiene la capacidad de generar redes y hacer presentes, visibles, a los sin poder. No es el viejo modelo de protestar delante de las casas del poder y caer en la dialéctica dueño/esclavo. Los indignados no buscan solamente estar ahí y que el poder los vea. Hacen red. Ahí se ve la capacidad de la ciudad de volver compleja la falta de poder.